martes, 25 de agosto de 2009

SAN HERMENEGILDO, REY CATÓLICO DE LA BÉTICA

UN MÁRTIR QUE LEVANTÓ A ANDALUCÍA.

Hace catorce siglos que San Hermenegildo, Rey de la Bética visigoda, fue decapitado por orden de su padre, el rey Leovigildo.
Hay diversas opiniones que señalan el año 586 como el de su muerte, otras, el 585, sin embargo, según la enciclopedia de “Historia de Andalucía”, señala que fue el 583. También se cree que fue asesinado en Tarragona, y quienes piensan que el martirio sucedió en Sevilla.

Hermenegildo había levantado Andalucía en torno al cristianismo. Hay quien opina que ello no fue si no la expresión de una nobleza hispano-romana, descontenta y ansiosa de preservar su AUTONOMÍA. Se trata pues de la PRIMERA batalla de los andaluces por su IDENTIDAD, como casi siempre mal comprendida por la ceguera del poder exterior.

Cuentan que tenía el Rey de la Bética visigoda, su palacio en lo que hoy son los cimientos del monumento al Sagrado Corazón, dentro de los contornos de San Juan de Aznalfarache, y que incluso cuando se removió el terreno para levantar la obra de Aurelio Gómez Millán, alguien vio restos de tal edificio.

Al volver a Toledo de victoriosas expediciones, Leovigildo convenció a la sociedad visigoda de la conveniencia de asociar a sus hijos Hermenegildo y Recaredo al poder real. Así el futuro héroe católico, se convertiría en Gobernador o Rey subsidiario de la Bética.
La llegada a nuestra tierra de Hermenegildo, se debió a desavenencias surgidas con el otro sector de la familia real.

En Toledo saltó la chispa de este trágico episodio protagonizado por dos mujeres: Goswinda, madrastra y apasionada de la religión arriana, e Ingunda, esposa de Hermenegildo, ferviente católica.
Los esposos fueron mandados a gobernar Andalucía muy jóvenes, ante la imposibilidad de convertir a Ingunda a la religión arriana, a pesar de llegar, incluso a ser arrastrada de los cabellos por Goswinda.
A Hermenegildo le tocó vivir un momento en el que la fe iba a ser bandera cruenta de choques ideológicos, y se vería en la tesitura de elegir entre la tradición que sería su fe, o el sacrificio de su vida.

En Sevilla, Hermenegildo se convierte al catolicismo y se bautiza. La noticia llega a Toledo, y un año después recibe la citación de su padre, con el pretexto de tratar asuntos de Estado. El Rey de la bética no acude a su llamada, provocando con ello la furia y la ira de Leovigildo.

Andalucía hierve congratulada de la conversión de su gobernador a la fe católica, en la que casi todo el mundo cree en la región. Pero la sangre bárbara por un lado, y el instinto histórico por otro, hacen que tanto Leovigildo como Hermenegildo, se armen y busquen a toda prisa alianzas; la guerra se respira.
La Bética y particularmente Sevilla y Córdoba, se habían mostrado desde hacía décadas indómitas al poder de los godos, considerados extranjeros que Andalucía nunca asimilaría.


Leovigildo desplegó una campaña militar contra su hijo, acorralándolo en Sevilla, cuyo asedio duró dos años, tiempo en que el atacante aprovechó para fortificar sus tropas en Itálica, recreciendo sus muros, y desviar el cauce del río Guadalquivir, con objeto de cortar los suministros a la ciudad.
Tras la derrota por su padre de Sevilla, Hermenegildo se dirige a Córdoba, refugiándose en una iglesia de Oseto, sabiendo que su padre respetaría el lugar sagrado, sobre todo por temor a que el alzamiento encabezado por su hijo, moviese al pueblo en una rebelión general.

Entonces, Leovigildo manda a su hijo Recaredo para lograr la rendición del sublevado. Consigue su propósito, y Hermenegildo acude a postrarse ante su padre, vestido con los atributos reales, lo cual le hace encolerizar, y le manda encarcelar.

Algunos autores piensan que Hermenegildo fue trasladado a Sevilla, e incluso que su muerte y martirio se llevó a cabo en el edificio sobre cuya pared , una lápida relata los acontecimientos, y que aún podemos contemplar precisamente junto a la calle Recaredo. Ello convertiría tal emplazamiento en sede de un martirio que daría a la iglesia un santo, pues Hermenegildo sería incluido en el calendario de las fiestas católicas en el siglo XII.

De manos de un ministro de su padre, y por encargo de éste, tras enterarse de que su hijo había rechazado desabridamente la comunión según el rito arriano, la cabeza de Hermenegildo rodó separada de su cuerpo el día 13 de abril, Sábado Santo del año 585 ( ¿583?) . Este muchacho decapitado a la edad de veinte años por su propio padre, daría nombre en 1815 a una Orden Real y Militar, para premiar la dedicación de los militares del Ejército. El epílogo de tan ejemplar como olvidada proeza de lealtad a la religión y ESPÍRITU AUTONOMISTA, la puso la viuda, quien murió en Á frica mientras huía con su hijo a Constantinopla, de donde sería rescatado del emperador griego Mauricio por su abuela Brunequilda.
Ajeno estaba el huérfano a que muchos andaluces rendían culto a su padre como mártir de la fe.











lunes, 17 de agosto de 2009

CARTA A UN ANDALUZ O ANDALUZA

Hola paisano, hola paisana.
Quizás te parezca una tontería esto que he escrito, pero me ha apetecido saludarte; me he acordado de ti.

No se en que rincón del mundo te hallarás, pero dondequiera que sea, quiero que sepas, que hay alguien (aparte de los tuyos) que ha tenido un pensamiento para ti.
Igual estás ahora de vacaciones en tu pueblo o ciudad, disfrutando de la compañía de tu familia y de la playa.
¿Has visto qué calor hace? Es tremendo.
Puede que tengas que volver pronto donde tienes tu trabajo, tu vida.
Seguro que a parte de en tu video cámara, estás guardando todas las imágenes posibles también en tu memoria.
Mira las sierras, los olivares, mira esas casas blancas de los pueblos, esas calles desiertas al mediodía, y míralas por la tarde ¿no te parece que tienen un encanto especial? ¿ no te parece que el olor que desprende el suelo cuando las vecinas “ riegan la puerta” para sentarse, “ porque parece que ha refrescado”, es especial y maravilloso?
Mira a nuestra gente, cómo te ofrecen su hospitalidad, diciendo: “lo que se te ofrezca…”

Una vez en Cuba me preguntaron cómo era Andalucía; de repente se me pusieron los vellos de punta, el sentimiento me ahogaba, y las lágrimas rodaron por mi cara, Cuando pude, y como pude, expliqué cómo es mi Andalucía. Aún hoy me estremezco, al recordar lo que sentí.

Bueno, paisana, bueno, paisano, te envío saludos y un poema que compuse pensando en ti, que tuviste que marchar a otro lugar a trabajar, espero que sea de tu agrado.

ÉSTA ES MI TIERRA

Ésta es mi Tierra:
la que pone lágrimas
en los ojos
A quien vive lejos de ella.

La que sin voz
llama a voces
En la época de siega.

Ésa de los blancos campos
por el algodón en flor;
la que los pinta dorados
cuando abre el girasol.

Así huele mi Tierra:
Olor a casa encalada,
a jazmines y azahares,
a clavel, a hierbabuena,
olor a tierra mojada.

Al sudor de la labranza,
a noches de luna llena,
a las redes de la mar,
olor a playa serena.

Olor a melón maduro,
a melocotón en flor,
a tomillo y a romero,
a nardos y a procesión.

Así suena mi Tierra:
a murmullo de agua clara,
a zambomba y pandereta,
castañuelas, sevillanas,
a tanguillos y a saetas.

Al golpe seco que da
la vara contra el olivo,
al chasquear de la uva,
cuando cae el racimo.
A los vinos de Jerez,
al verde de nuestras sierras,
a pan y aceite de oliva,
así, sabe nuestra Tierra.

Esto siente mi Tierra:
Miedo, a ser olvidada,
Temor: a no ser Oída,
Dolor por no ser Querida,
Y por Marginada:
¡ RABIA!

martes, 11 de agosto de 2009

UN ANDALUZ CON GRACIA




Era el andaluz más feo
que vino al mundo en Sevilla.
Muy pecoso, de viruelas,
chiquitín, corto de vista
y con cerdosos bigotes,
con unas tremendas guías.

Pero era un hombre gracioso,
enamorado y de chispa,
que en viendo al lado unas faldas,
se convertía en almíbar.

Plantado un día en la calle
(su ocupación favorita)
no dejaba pasar moza,
que fuese fea, o fuese linda,
a la que no dirigiese
un piropo, una sonrisa,
o si se terciaba el caso,
un convite a unas cañitas.

De pronto, nuestro andaluz
vio que volvía la esquina
dirigiéndose hacia él
una dama distinguida,
a juzgar por su indumento,
por su tipo y bizarría,
pero que viéndola de cerca,
su cara era una desdicha.

Sin embargo, el sevillano
como nunca distinguía
para lanzar chicoleos
de feas ni de bonitas,
encarándose a nuestra hembra
dijo tragando saliva:

“- Vaya con Dios la mujé
más grasiosa y más bonita
q’a movío lo pinrele
por las calles de Sevilla.”

Volviese la dama a ver
al autor de esta salida
y al contemplar a nuestro héroe
más negro que una morcilla,
con más hoyos en la cara
que agujeros una criba,
y con aquellos bigotes,
le contestó la aludida:

“- perdone usté, amigo
que la verdad no me permita
decir de usté otro tanto".
A lo cual él, enseguida contestó:

“- ¡ Pues mienta usté
como miento yo, armamía!"
ANÓNIMO.

domingo, 9 de agosto de 2009

BLAS INFANTE VII




EL FIN DE BLAS INFANTE.

El día 14 de julio de 1936, se colocó la bandera de Andalucía en el ayuntamiento de Sevilla. Fue uno de los últimos lugares donde se hizo, nadie pensaba que pudiera pasar lo que pasó, tan sólo cuatro días más tarde. Todavía resonaban los aplausos y los ¡“VIVA ANDALUCÍA LIBRE”! , los gritos de la gente, que se reunieron en la Plaza Nueva de Sevilla, cuando la plaza, y toda la ciudad se llenó de los terribles ruidos que presagiaban muerte y destrucción: los de las bombas, los disparos y los cañonazos.
Fue uno de los días más tristes y más negros de toda la Historia de España. Aquel 18 de julio que España diera un paso atrás, de cuarenta años, expulsó la Democracia, y borró a todas las autonomías, e impidió que naciera la andaluza, que tan a punto estaba.

Frente a personas que eran capaces de darlo todo por los demás, sin pedir nada a cambio, como Blas Infante, estaban los que buscaban poder y riquezas, aunque que para ello fuese preciso sumir en la desgracia y la ruina ( nuevamente) y asesinar a miles de seres humanos, como en realidad sucedió.
Ese fue el triste destino de toda España desde aquel día; dos extremos opuestos que han estado siempre presentes en su Historia, y en la de otras naciones y países del mundo:
Ambición y Poder, que en aquella ocasión fue el causante del retraso general de nuestra Autonomía.


Desde varias semanas antes, un grupo de generales, habían estado preparando en secreto un golpe de Estado, para derrocar al gobierno que el Pueblo había votado. El 17 de julio, los militares se adueñaron de Melilla, desde donde prepararon el asalto a la península.
Entonces el norte de Marruecos pertenecía a España, y el sur a Francia; era una especie de colonia de las que abundaban en África, Asia y Oceanía. El Gobierno no le dio importancia, no tomaron las medidas adecuadas para contrarrestar la actitud de los generales rebeldes, y éstos tuvieron “ las manos libres”. Al día siguiente, el general Queipo de Llano, se apoderó de la guarnición de Sevilla.

Era sábado, el primero que no se trabajaba por la tarde, el general aprovechó la oportunidad, y ocupó las fábricas militares. Los obreros ofrecieron resistencia, pero estaban mal armados y peor preparados, y sucumbieron. Al cabo de unos días, Queipo, se había adueñado de Sevilla, entonces entró el ejército de África, mandado por el general Franco.

Sólo a partir de ese momento, reaccionó el Gobierno, pero ya era tarde: los militares rebeldes llamaron al levantamiento “Alzamiento” y Movimiento Nacional”.
Comenzó entonces una guerra civil, una guerra entre españoles, que duró tres años.
Al final, el ejército dirigido por Franco, ocupó toda España, había impuesto una dictadura que duró hasta su muerte a finales de 1975.
Durante todo este tiempo las autonomías estuvieron prohibidas.

Las guerras civiles, como es sabido, son las más sangrientas y crueles, porque en ellas se enfrentan amigos, conocidos, y hasta familiares, y se desatan odios y rencillas personales. En la guerra civil española, como en cualquier otra, ocurrieron muchas desgracias fuera del campo de batalla.

En Sevilla y sus alrededores, fueron detenidas muchas personas, como en tantos otros lugares de España los primeros días, entre ellos Blas Infante.
Él creyó que este golpe de Estado no sería mucho más grave que el de Primo de Rivera, y permaneció en su casa, ya que no podía continuar con su labor en defensa de la Autonomía. Se equivocó, quizás se debería haber escondido, como le aconsejaron, pero el decía que no había hecho nada malo.
El 2 de agosto de 1936, el sargento Crespo, de los falangistas, y otro individuo, bajo las órdenes del tío de su esposa, Pedro Parias, uno de los dieciséis gobernadores que tuvo Sevilla, y partidario del Régimen, fueron a su casa en Coria del Río, la rodearon, entraron, y se lo llevaron detenido, requisando el aparato de radio y el altavoz, de su propiedad, objetos que después de asesinado Blas Infante, les fueron devueltos a su esposa.
Hay que decir en tono sarcástico, que aunque fuesen asesinos, al menos no eran ladrones.

Estaba decidido: Francisco Franco Bahamonde, General en Jefe del Régimen Fascista, Generalísimo de todos los Ejércitos, y uno de los MAYORES ASESINOS que ha dado la Historia, decidió que debía permitir que se acabara con la vida de un Hombre Bueno y Honrado, como con tantas vidas más de Hombres y Mujeres Buenos-as, y Honradas-os.

Estaban dispuestos a asesinarle en ese mismo momento, entre Coria del Río y Sevilla. La intervención del nuevo alcalde, que, aunque nombrado por los golpistas, consideraba que debían dejarlo libre, lo impidió. Tanto el alcalde como algunos militares que se interesaron por él, fueron amenazados si seguían defendiéndole.

Le encerraron en una cárcel provisional que habían habilitado en un cine que había en la Plaza de Jáuregui, en Sevilla, junto con más personas detenidas como él. Todos los días se llevaban a varios que ya no volvían.

La madrugada del 10 al 11 de agosto, le sacaron a él junto a varios detenidos, por el camino los iban bajando del camión en que los transportaban, y luego les disparaban ya junto a la carretera, y los dejaban allí.
El camión tomó la carretera que iba de Sevilla a Carmona, y en el kilómetro cuatro lo hicieron bajar, cerca de una curva, a la puerta de un cortijo usado como institución benéfica para niños necesitados, llamada La Gota de Leche, en la huerta de las monjas clarisas (actualmente convertido en hotel).

Le ordenaron que avanzara; esto lo hacían para dispararles por la espalda, para que pareciese que el prisionero había intentado escapar.

Blas Infante se negó a andar y al oir cómo sus asesinos cargaban las armas, gritó:
¡VIVA ANDALUCÍA LIBRE!

¡Ese grito hoy en día aún resuena en los oídos de los andalucistas que nos reunimos en el lugar cada 11 de agosto a conmemorar su muerte.

Le dejaron allí, en la cuneta, y sin preocuparse por él, siguieron su camino, para ir dejando a otros hombres que iban asesinando en otros puntos de la carretera.

Casi cuatro años después de su asesinato, le celebraron un juicio, y le condenaron.
La sentencia emitida el 4 de mayo de 1940, daba por sentado que el hecho de haberle matado, era una prueba en su contra, y se le impone una multa de 2.000 pesetas que tuvo que pagar su viuda, “por haber pertenecido a un partido andalucista o regionalista andaluz”.
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BLAS INFANTE VI




AVANZANDO HACIA EL SUEÑO.

Los andalucistas con Blas Infante a la cabeza, iban dando pasos hacia delante: romper barreras que parecían hechas para frenar la autonomía de Andalucía. Y tras muchos esfuerzos, muchas reuniones, convencer a mucha gente, su trabajo empezaba a dar frutos.

“En esta situación se llega a los albores de 1936. A pesar de todos los pesares, los hombres de la Junta Liberalista, deciden salir del “impasse” en que los tiene el avatar político.
El andalucismo militante, sacando fuerzas de flaqueza, decide publicar a sus expensas el Estatuto de 1933, porque “ellos no lo harán”, dice Infante.
Se nombra un Consejo de Política Andalucista con el fin de convocar una nueva Asamblea que sobre el borrador de Córdoba reelabora el Anteproyecto definitivo.

El acuerdo es de 2 de abril de 1936 y lo firman Blas Infante, Joaquín Sivianes, José Leal Calderi y José Llopis.

A partir de ese momento se desarrolla una intensa acción que culmina el día 11 de junio de 1936, fecha en que la Asamblea de Sevilla, reunida en la Diputación de Sevilla, y asume la tarea de hacer realidad la promulgación del ESTATUTO.
A la reunión preparatoria de junio sigue la sesión de 6 de julio de 1936, en la que se celebra el pleno final de la Asamblea Pro-Estatuto, en Sevilla.
Asisten los nacionalistas históricos en torno a Blas Infante, y en aquel acto, a propuesta del doctor Puelles, se le nombra Presidente de la Asamblea. Era la primera vez que ocurría en treinta años de lucha.”

Se había entrado en el camino adecuado, el ESTATUTO DE AUTONOMÍA para ANDALUCÍA, no tenía porque sufrir más retrasos. Por fin Andalucía iba a contar con un gobierno propio, que pudiera sacar a nuestra Tierra de la marginación y del subdesarrollo, que fuera capaz de fomentar nuestras riquezas y nuestra cultura, que supiera poner a Andalucía, en definitiva, en el lugar que le corresponde.

Todo ello comenzaría a partir de otoño del mismo año, cuando pasase el verano tan caluroso en Andalucía. A partir de ese momento, había que hacer que todos los andaluces conocieran las ventajas de la autonomía, para que entendiesen la importancia que tendría su voto cuando llegara el momento.

Aún quedaba mucho por hacer. En estos meses previos, la actividad de los andalucistas y de Blas Infante en particular era muy fuerte, estaban dispuestos a darlo todo, hacer una buena campaña informativa; finalizar el trabajo iniciado casi treinta años antes, en el que habían puesto todo su empeño, que les había costado esfuerzos, penas, y en el que habían arriesgado la vida, para conseguir un sistema más justo para el pueblo andaluz.

El sueño del niño Blas, estaba cada vez más cerca.

El día 10 de julio, se presentó en Sevilla, en la Alameda de Hércules, el Himno de Andalucía. “Es un canto de paz y de esperanza”, en palabras del propio Infante.
Es uno de los pocos himnos del mundo que no armoniza una marcha militar, y su letra no habla de guerras.

Blas Infante era aclamado por todos los pueblos por donde iba pasando, la gente le consideraba su salvador, vitoreaba a los andalucistas. Las calles de los pueblos aparecían adornadas con banderas andaluzas verde, blanca y verde, como se había aprobado en los congresos de Ronda y Córdoba, y como la conocemos actualmente.

En sus charlas insistía continuamente en que “la Autonomía era para todos, que no excluía a nadie, que beneficiaba a todos”. También proclamaba el sentimiento de tolerancia, de internacionalismo, de entendimiento con los demás, que vive en el ser andaluz, con palabras como éstas: “Éste es un llamamiento a todas las personas que viven en Andalucía, porque en Andalucía no hay extranjeros”.

Siempre con la idea clara en lo que era su principal objetivo: la autonomía de Andalucía, y el por qué se necesitaba la autonomía:

“El Estado centralista es la causa del fracaso de todos los gobiernos. No hay que tenerle miedo a Andalucía, sólo hay que tenerle miedo al hambre”.

En Cádiz, en la plaza de San Juan de Dios, durante un acto, cuando se izó la bandera andaluza, y los asistentes aplaudían, Infante dijo una frase que resultó ser profética:”Tengamos cuidado, no vaya a venir un huracán y se lleve, no sólo a la bandera, si no a todos nosotros”.

Sabía que los enemigos de la Autonomía harían lo posible por destruirla, y si no podían, por lo menos intentarían quitarle fuerza. La mejor manera era desunir a los andaluces. Blas Infante lo vio, y lo advirtió. En concreto, en Jerez, dijo esta frase, dentro de un discurso:” Lo peor que nos puede pasar, es que haya desunión entre provincias y entre los ciudades. Eso es lo que interesa a los enemigos de nuestra autonomía. Mientras más desunidos estemos, mejor podrán manejarnos”.
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sábado, 8 de agosto de 2009

BLAS INFANTE V





FRENO A LA AUTONOMÍA

Frente al decidido interés por conseguir una autonomía que sacara a Andalucía de la pobreza, no sólo se encontraba la incompresión que ya hemos dicho; hubieron otros inconvenientes que la retrasaron.

Primo de Rivera impuso una dictadura y suprimió las actividades de los grupos democráticos y de los autonomistas. Entre ellos, impidió que los centros andaluces pudieran continuar funcionando. Blas Infante se fue a vivir a isla Cristina donde nacieron dos de sus cuatro hijos, y aprovechó este tiempo para escribir algunos libros, y para visitar la tumba del último rey andalusí de Sevilla al Mutamid, enterrado en Agmat un pueblo de Marruecos. Allí conoció a descendientes de andaluces que habían huido de su tierra debido a la intolerancia religiosa.

En 1930 la dictadura fracasó y el general Primo de Rivera tuvo que retirarse. El día 14 de abril de 1931 se celebraron elecciones en España, y ganó la República, que fue muy bien acogida, y se esperaba que sirviera para mejorar las condiciones de vida y para acelerar las autonomías, ya que no sólo Andalucía la estaba pidiendo, si no también Cataluña, Euskadi, Valencia…

Pronto se reanudó la actividad de los Centros Andaluces, convertidos ya en Junta Liberalista. Se formó una Comisión Técnica Agraria apoyada por el gobierno, de la que Blas Infante era presidente y aprobó un proyecto de reforma agraria , para mejorar la calidad de los cultivos y la forma de vivir y trabajar en el campo.
Blas Infante se trasladó de nuevo, esta vez a Coria del Río, cerca de Sevilla, desde donde se llevaban los trabajos por la Autonomía. En Coria se hizo construir una casa, Villa Alegría, que hoy es “Casa Museo de Blas Infante”, en ella está latente y vivo el espíritu de un andaluz amante de su cultura, de su Tierra, y de la hermosa labor que desempeñó.

Sin perder tiempo, los andalucistas prepararon un proyecto de Estatuto de Autonomía. Entre otras cosas pedían Enseñanza y Justicia gratuitas para todos, y potenciar las cooperativas, para que hubiera más trabajo.

Al mes siguiente de instaurarse la República, acordaron convocar una asamblea de todas las diputaciones, Ayuntamientos, partidos, sindicatos, asociaciones culturales, etc, de toda Andalucía, para aprobar un Estatuto que debía ser presentado al Gobierno. La convocatoria partió de la Diputación de Sevilla, cuyo presidente, Hermenegildo Casas, apoyaba el proyecto. Sin embargo, la Asamblea no se pudo celebrar hasta el mes de enero de 1933, ocurrieron varias cosas que lo retrasó.

La primera, que el Gobierno tenía miedo a que los andaluces pudieran contar con representación propia en las Cortes. Blas Infante era miembro del Partido Republicano Federal, y se presentaba a las elecciones de julio de 1931. Por orden del Gobierno fueron detenidos los compañeros que se presentaban junto a él, a los que acusaron de intentar crear un Estado independiente en Andalucía. A él no le detuvieron, porque, casualmente, no estaba en la sede, cuando llegaron los policías, llamados en aquella época,”Guardias de Asalto”. Posteriormente, tuvieron que dejarlos libres, porque no había ninguna prueba de que las acusaciones fuesen ciertas.

Blas Infante explica con detalle los acontecimientos en el libro“La verdad sobre el complot de Tablada y el Estatuto Libre de Andalucía”.
Unos días más tarde detuvieron a un grupo de campesinos que se manifestaban para pedir trabajo en la Cruz del Campo, en Sevilla. El gobierno declaró entonces el “Estado de Guerra”. Con ese “Estado”, desaparecían todas las garantías para las personas, que podían ser detenidas en cualquier momento, y bajo cualquier falsa acusación.Se prohibían las manifestaciones, las reuniones, y cualquier tipo de concentración; un grupo de personas hablando en la calle, ya era motivo para que la policía procediese a detenerlos. En esas condiciones se siguió preparando la asamblea, pero no se podía llevar a cabo.

El 10 de agosto de 1932, hubo otro intento de golpe de Estado, esta vez organizado por el general Sanjurgo, aunque no triunfó, nuevamente se retrasó la Asamblea.
Por fin pudo celebrarse en enero de 1933, en Córdoba. Acudieron 729 representantes de ayuntamientos, partidos políticos y asociaciones culturales. En ella se aprobó el anteproyecto de Estatuto de Autonomía que debía convertirse en Estatuto, en cuanto fuese aprobado por los andaluces en las urnas.

A pesar de los inconvenientes, los andalucistas continuaron trabajando aunque con dificultad, a causa de los problemas que surgían. En Enero de 1934, formaron una comisión Pro Estatuto, para conseguir que el mismo fuera votado por los andaluces.
En estas condiciones, los andalucistas se sentían decepcionados y cansados; perseguir una idea que no se puede alcanzar, agota y destruye los ánimos, pero ellos, con Blas Infante a la cabeza, continuaron, querían cumplir el compromiso que habían adquirido con los andaluces por su propia voluntad.
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BLAS INFANTE IV






LOS SÍMBOLOS ANDALUCES

LA BANDERA.

La primera de estas Asambleas tuvo lugar en Ronda, en 1918. La segunda fue al año siguiente en Córdoba. En la primera se aprobaron el escudo y la bandera, y en Córdoba se aprobó el lema: “ANDALUCÍA POR SI PARA ESPAÑA Y LA HUMANIDAD, leyenda, que reza en el escudo.
La bandera blanca y verde - siendo responsable directo de su creación Blas Infante- fue elegida para Andalucía por la Asamblea Andalucista de Ronda, en los salones del Casino de Artistas, votándose se confeccionara con tres franjas iguales horizontales, verde, blanca y verde, tal como se conoce en la actualidad.

Es un error difundido, el que atribuye los orígenes de la bandera andaluza al pendón victorioso del sultán almohade de Sevilla, Almansur Yacub Ben Yusub sobre el rey castellano, Alfonso VIII, en la batalla de Alarcos (Ciudad Real), en 1195, ya que la enseña blanca y verde se remonta a cuatro siglos antes.

Blas Infante Pérez, Padre de la Patria Andaluza, conocedor como nadie de nuestra realidad histórica andaluza, centró también su atención en el estudio y en la investigación de los diversos colores que nuestra bandera ha venido manteniendo según las circunstancias, llegando a descubrir, a través del estudio de la poesía arábigo-andalusí, su variado formato y los diversos colores que llegó a mostrar a través de los siglos: rojo, negro, verde y blanco. Los dos primeros fueron eliminados pronto, ya que ambos colores significaban muerte y sangre, conceptos totalmente opuestos a los sentimientos de un Pueblo que ama y potencia la vida, odiando la guerra.

“Porque sus colores -dice Blas Infante- eran los más apropiados para representar la Empresa de la restauración de un pueblo, nunca bélico y siempre creador de culturas originales directoras de la Humanidad, como lo fue ANDALUCÍA”.

El blanco de la PAZ, del diálogo, de las casas, de sus pueblos.
El verde de la ESPERANZA, de un FUTURO; de nuestros campos y nuestros olivos.

VERDE Y BLANCO

Verde: Esperanza,
blanco: Paz,
olivares verdes,
blanca la cal.

Verdes nuestros campos,
blanca la sal,
nuestras casas blancas
y la espuma del mar.

Esperanza verde,
blanca libertad,
corazones blancos,
símbolos de PAZ.
Ana Corral .

EL ESCUDO.

Blas Infante, se inspiró en el de escudo de Cádiz, para crear el de Andalucía.
Está compuesto por la figura de Hércules entre dos columnas, simbolizando la fuerza joven y eterna; los dos leones simbolizan la fuerza animal.

En el escudo rezan dos leyendas: ”DOMINATOR HÉRCULES FUNDATOR”, y al pie, sobre la bandera: “ANDALUCÍA POR SI PARA ESPAÑA Y LA HUMANIDAD”.
El lema original era:”ANDALUCÍA PARA SÍ, LOS PUEBLOS Y LA HUMANIDAD”, pero fue cambiado por parecer insolidario. /div>
EL HIMNO

Blas Infante se inspiró en las letras de los cantos de las siegas de los campesinos ecijanos, donde se cantaba El Santo Dios en señal de agradecimiento por la cosecha, para escribir la letra de nuestro himno, y el maestro de la Banda Municipal de Música de Sevilla, José del Castillo Díaz le puso la música.
Se estrenó el día 10 de julio de 1936, justo ocho días antes de estallar la guerra civil.

HIMNO DE ANDALUCÍA.

La Bandera blanca y verde
vuelve tras siglos de guerras,
a decir paz y esperanza,
bajo el sol de nuestra tierra
¡Andaluces, levantaos!
¡Pedid tierra y libertad!
¡Sean por Andalucía libre,
los pueblos y la humanidad!
Los andaluces queremos
volver a ser los que fuimos
hombres de luz que a los hombres
almas de hombres les dimos.
¡Andaluces, levantaos!
¡Pedid tierra y libertad!
!¡Sean por Andalucía libre,
los pueblos y la humanidad!
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BLAS INFANTE III






CENTROS ANDALUCES


En Sevilla , Blas Infante y los amigos que hizo en el Ateneo, socios que compartían los mismos pensamientos, se reunían, y desde allí, desarrollaban su trabajo y hacían sus escritos. Entre otras cosas, escribían en la revista Bética, que editaba entonces el Ateneo sevillano.
Pero ellos querían hacer más cosas; querían ayudar al más desfavorecido, al jornalero que era explotado por un sueldo irrisorio, entonces crearon los CENTROS ANDALUCES.

Éstos eran centros culturales, donde las personas que no sabían leer ni escribir, podían aprender.
También podían aprender un oficio, y desarrollaban otras actividades culturales.
Blas Infante y sus compañeros defendían Andalucía y los derechos de los andaluces por eso se llamaban y se llaman ANDALUCISTAS.

Desde el aquellos momento, los andalucistas empezaron a pedir que Andalucía tuviera un gobierno propio, una autonomía que en aquel tiempo no existía. Sabían que con ello, Andalucía sería capaz de controlar sus recursos propios y de mejorar su economía. La autonomía podría conseguir que hubiera escuelas suficientes para todos los niños, y que éstos no tuviesen que trabajar, y que se instalasen más industrias para que bajase el número de parados.

Eso era lo que los andalucistas buscaban, sin embargo, enseguida empezaron a surgir gente que estaba en contra de que Andalucía y los andaluces progresaran y pudiesen salir de la pobreza. No convenía que el campesino aprendiera a leer, porque entonces no podría seguir siendo explotado; no convenía que Andalucía tuviese su autonomía, porque entonces no podría seguir siendo manipulada.

Se crearon más centros andaluces, en Andalucía y en algunas ciudades de otras regiones y de otros países. Estos centros ayudaron a muchas personas, al cabo de algún tiempo, decidieron darle más coherencia y unidad, para que todos los centros tuvieran un funcionamiento similar y una idea común.
Entonces los convirtieron en una organización, a la que llamaron JUNTA LIBERALISTA DE ANDALUCÍA.

Fue llamada LIBERALISTA, para se supiera que querían liberar a los andaluces de la ignorancia y la pobreza.
La Junta Liberalista continuó desarrollando el mismo trabajo que habían venido haciendo los Centros Andaluces, y en especial, demostrar a los demás que la Autonomía les convenía a todos. Con este fin organizaron dos Asambleas andaluzas, para que pudieran asistir todas las organizaciones, los ayuntamientos, las diputaciones, etc.
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BLAS INFANTE II




EL IDEAL ANDALUZ

Granada, para quien no conozca España, es una de las ciudades más bellas y hermosas de Andalucía y del mundo. Allí estudió Blas Infante la carrera de derecho, y como era persona de buen gusto, se enamoró de ella, y del Patrimonio Histórico Artístico Andaluz tan rico.

Cuando terminó la carrera, se hizo notario, pero tuvo que esperar un año, porque era demasiado joven para ejercer. Fue el notario más joven de España. Se fue a vivir a Cantillana, un pueblo cercano a Sevilla, situado junto al río Guadalquivir.

Si en Casares o en Archidona conoció el problema de los jornaleros y de los niños que no podían ir a la escuela, en Málaga, donde también estudió, parte del bachillerato, pudo conocer la problemática de una ciudad industrial. Y en Cantillana volvió a convivir con los trabajadores del campo.

Como Cantillana está muy cerca de Sevilla, él acudía a esta ciudad y se reunía con otras personas en el Ateneo. Sevilla es otra ciudad que encierra un verdadero tesoro monumental y artístico, como Granada. Y el Ateneo sevillano, era entonces uno de los principales centros culturales de Andalucía. Blas Infante tomó contacto con varias personas, que coincidían con él en la forma de plantear los problemas, y de buscar soluciones.

Aquí puede decirse que se forjó el andalucismo. Y aquí escribió su primer libro: Ideal Andaluz. Un día dio una conferencia en un centro cultural, llamado Sociedad Económica de Amigos del País, una entidad preocupada por los problemas de la época. Luego amplió aquella charla, la convirtió en libro y lo publicó. El primero de una larga lista que podemos conocer ahora.

En él, se refiere a la historia de Andalucía, a su esplendor pasado y a la incongruencia que supone, que siendo de UNA TIERRA RICA, haya mucha gente que lo pase mal. Si embargo, hubo quienes lo criticaron, porque les parecía “revolucionario”.
Pero eso no le detuvo, al contrario, muchas veces se adelantaba a los acontecimientos, y eso, levantaba las envidias de gente, que no comprendía que pudiese ir por delante de los demás.

Blas Infante era un decidido defensor de lo más débiles, y no le detenía que algunas personas no le entendieran. Defendía a los jornaleros, a los trabajadores, a las mujeres, a los niños.
Y a los animales.
Era lo que hoy llamamos un ECOLOGISTA, aunque entonces esta palabra no se conocía. Sentía mucho respeto por los animales y las plantas. Tanto, que en alguna ocasión tuvo que enfrentarse con otras personas; una vez para evitar que maltrataran a un caballo, otra para salvar la vida a un zorro pequeño, que los habitantes de un pueblo querían matar a pedradas.

Era antitaurino, y escribió un hermoso decálogo a favor de los animales.
En Foro Antitaurino, se publicó:

“Es lamentable, y contrario a la máxima figura Andaluza, que se incluyan corridas de toros para celebrar el día de Andalucía. Canal Sur, no ve otro modo mejor de celebrar la fiesta Andaluza, que con torturas y matanzas de toros, lo que es una falta total de espeto a Blas Infante, o una demostración de extrema incultura por parte de los dirigentes de dicha emisora.”


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BLAS INFANTE I




Se acerca de nuevo el día 11 de agosto, día en que fue asesinado el Padre de la Patria Andaluza, y en esta ocasión, quiero ser yo , quien rinda un pequeño , sencillo y particular homenaje a ese hombre, al que el amor que sentía por su tierra, le costó la vida.

BLAS INFANTE

Hubo una vez un niño que defendió su sueño toda su vida; aunque tuvo que superar muchísimas dificultades, jamás abandonó su idea. Y al final, su sueño se cumplió.
Te voy a contar quien era ese niño, y cual era su sueño.

Blas Infante Pérez de Vargas, nació en Andalucía, concretamente en Casares, un pequeño pueblo de la serranía de Ronda, (Málaga) un 5 de julio de 1885. Jugaba como todos los niños en las calles de su blanco pueblo, se peleaba, hacia trastadas, pero a pesar de sus pocos años, tenía bien claro su sueño: que los niños que tenían menos, pudieran vivir mejor.

Eran unos tiempos en que había pocas escuelas, con lo que no había sitio para todos, y además, muchos niños tenían que trabajar con sus padres para poder ganar algo de dinero, con el que ayudar al sustento de la casa. Esto ocurría sobre todo en las familias de jornaleros, que tenían sueldos bajos, y aunque existían escuelas que costaban dinero, no podían llevar allí a sus hijos.
Blas si pudo ir a la escuela, pero no le parecía bien que otros niños no pudiesen ir, le molestaba, le dolía.
Era un niño despierto y sensible, y se daba cuenta de lo que estaba bien, y lo que debía ser mejorado. Él veía a esos hombres que trabajaban de la mañana hasta la noche en el campo, por un salario tan pequeño, que a penas les daba para alimentar a su familia; había mucha pobreza, y eso Blas Infante lo veía y lo sentía.
Ese sentimiento, esa sensibilidad le acompañó toda su vida.

De pequeño estuvo en el colegio de su pueblo, Casares, luego pasó a Archidona, donde continuó viendo al jornalero, observó algo que le hacía pensar:
La gente hacía cola en una puerta lateral llamada “de la Guiropa” para recoger un poco de la comida que había sobrado en el colegio.

Siempre tuvo presentes aquellas imágenes, pero además, seguía viéndolas, por que ya de mayor cuando trabajaba de notario, en los pueblos por los que pasaba, la imagen del jornalero se repetía un día y otro.

Era una situación que le parecía injusta, por eso dedicó toda su vida a luchar, para intentar que aquellas personas mejorasen; para que pudiesen vivir mejor.
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